Un año más, y ya van 24, el Campamento “Bolboreta” abrió sus puertas del 5 al 15 de julio en Foz (Lugo). Las instalaciones del Colegio Martínez Otero, que durante 20 años fue dirigido por los salesianos, transforma los pupitres de las aulas en camas y literas durante el mes de julio, primero para Bolboreta y luego para los Andainas.

Los participantes son chicas y chicos de 8 a 15 años que no están ni en colegios salesianos, ni en grupos de ambientes salesianos, pero que mayoritariamente a través de miembros de la familia salesiana se les ofrece esta oportunidad de convivencia y formación en el tiempo libre.

Coordinados una vez más por César Azpeleta, el equipo de monitores estaba compuesto por tres salesianos coadjutores, dos salesianos cooperadores, tres profesores de otros centros no salesianos y dos monitoras de tiempo libre en prácticas.

En esta ocasión los 46 participantes han venido desde Asturias, Cantabria, Burgos, Valladolid, Palencia, y León (un buen número de La Robla). Aunque algunos ya han participado otras veces, otros vienen por primera vez y no se conocen entre ellos.

Días anteriores al inicio, nos reunimos los monitores para la programación; cada día tenía su lema para fomentar valores concretos como la amistad, el compañerismo, la familia, la solidaridad, el cuidado de la naturaleza…  El inicio de cada día sea realizaba con los “buenos días” y se finalizaba con las “buenas noches” que desarrollaban cada uno de los monitores.  Las actividades han sido variadas, divertidas y formativas; como base de la programación se desarrollaron las clásicas de maratón de futbol sala, rastreo, noche de dormir a cielo abierto en el monte, veladas y fuego de campamento, disfraces, amigo invisible, talleres variados de artesanía, música, yoga y relajación, los correspondientes ataques nocturnos de “el zorro”y sin faltar nuestro master chef.

Aunque comenzamos con un tiempo un tanto fresquito y nuboso, todo fue a mejor y hay que decir que durante los 10 días no cayó ni una gota de agua, por lo que el tiempo de playa fue una constante casi diaria. Han sido muchas las horas de convivencia que favorecieron las relaciones personales disfrutando de los amigos, de las actividades y del paisaje, logrando un ambiente tranquilo, de tal manera que el uso de una hora/día de los móviles fue suficiente, y así se llegó a crear un buen ambiente entre los chicos y chicas y con los monitores, que deja un “buen sabor de boca”, que invita a que en otro año se puedan repetir tan gratas experiencias.

María Rueda y Jesús A. Cid.

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